La CSR 250 Custom Twin 2006 fue mi puerta de entrada al mundo de las motos… y al de las locuras de garaje. Fue mi primera moto al sacarme el carnet A2, allá por 2012.
La compré como moto barata para ir a trabajar y poder seguir disfrutando de mi 4x4 para las salidas esporádicas. Una 250 sencilla, sin pretensiones, perfecta para hacer kilómetros del punto A al punto B.
La usé un año. Después di el salto a una FZ6N y la CSR se quedó aparcada “para venderla”. Subí anuncios, hice fotos, puse un precio razonable… pero nadie la quería. Y ahí empezó a asomar la idea: si no se vende así, ¿por qué no convertirla en algo que merezca la pena mirar?
Empecé por lo básico: piezas nuevas sobre la mesa y la cabeza ya imaginando la moto en modo bobber. Más baja, más limpia, más macarra.
Colas de escape, puños, espejos… pequeños cambios que juntos iban a transformar una 250 “del montón” en algo más personal. Ya no era sólo una moto de ir al curro.
Aproveché el proyecto para revisar y mejorar algunos detalles mecánicos básicos como la transmisión, aunque el foco era sobre todo estético.
La idea era clara: llevarla a un estilo bobber. Guardabarros fuera, depósito fuera, manillar, faro, intermitentes, colas de escape… todo fuera. Más que presupuesto, había ganas y paciencia: más maña que dinero desde el principio.
Mecánicamente la moto estaba bien, así que el proyecto fue casi 100% estético. Empecé por el asiento: una base de chapa recortada que terminaría siendo un asiento con muelles, mucho más en la línea bobber que el de serie.
Poco a poco, la CSR dejó de ser una moto completa para convertirse en un montón de piezas alrededor de un chasis. Al final, prácticamente quedó en motor, chasis y horquilla subidos sobre un palet. Ahí ya no había marcha atrás.
Empecé a presentar piezas recortadas y pintadas, probando proporciones y líneas. No era sólo atornillar cosas nuevas: se trataba de ver cómo encajaba todo visualmente.
Con el motor enmascarado y el conjunto sobre el palet, tocaba pensar en colores: negro mate para el chasis y componentes, y un contraste fuerte en las llantas.
La decisión fue clara: conjunto en negro mate y llantas en blanco con una línea negra. Algo sencillo de hacer en un garaje, pero con mucho impacto visual para una 250 económica.
Sólo con ver las llantas montadas ya sabías que la moto no iba a volver a ser “de serie”. Era la misma base, pero mentalmente jugaba en otra liga.
Poco a poco la moto fue recuperando forma. Sin guardabarros, con manillar recto y estrecho, y la postura ya mucho más en línea con la idea de bobber que tenía en mente.
El asiento artesanal con muelles terminó de cerrar el conjunto. Era una de esas piezas que, sin ser exagerada, cambia completamente el carácter de la moto.
Mientras hacía todo esto, yo seguía con mi vida de siempre: trabajando de noches, estudiando electromecánica y aprovechando cualquier rato libre en el garaje. Esta moto fue uno de los primeros experimentos serios que hice sobre dos ruedas.
El resultado final ya no tenía nada que ver con la moto barata para ir al trabajo. Negra, corta, con asiento de muelles y llantas blancas: una bobber humilde, pero con carácter.
Empecé a usarla para ir al instituto mientras estudiaba electromecánica y seguía trabajando de noches. Un día, al salir de clase, me encontré una nota en la moto: me daban la enhorabuena por el trabajo y me preguntaban dónde me habían hecho la preparación, con un número de teléfono apuntado.
Esa nota fue una señal clara: lo que estaba haciendo en mi garaje empezaba a llamar la atención. Esta moto no tiene ficha MotoLog QR, pero sí tiene algo igual de importante: fue uno de los primeros avisos de que todo esto, algún día, se iba a convertir en algo más grande.